El Gran Premio de Hungría se convirtió en un amargo dolor de cabeza para la escudería Cadillac, concluyendo su participación con un doble abandono antes de alcanzar la bandera a cuadros con una serie de problemas que Sergio Pérez pide solución de cara a la segunda mitad.
Checo Pérez encabezó la lista de perjudicados tras verse obligado a arrancar desde la zona de pits debido a múltiples modificaciones en el chasis de su monoplaza luego de las fallas el sábado en la calificación. Aunque el tapatío intentó remontar posiciones en el Hungaroring, las inconsistencias mecánicas terminaron por comprometer definitivamente su competencia por una nueva falla en la suspensión.
Respecto al desarrollo de su participación, el piloto mexicano explicó el complejo escenario al que se enfrentó sobre la pista señalando que "fue una carrera desafiante. En la primera tanda sufrí mucho con el balance y me deslizaba por todos lados, pero pude adaptar mi conducción y la segunda tanda fue mucho más fuerte".
Sin embargo, las fallas volvieron a mermar el rendimiento de su vehículo por lo que en la carrera indicó que ya había señalamientos de que el coche no estaba al 100 por ciento.
“Todavía sentía que algo no estaba del todo bien con el auto, así que es importante que entendamos exactamente qué estaba sucediendo".
Finalmente, el tapatío reconoció el malestar por la acumulación de averías en las últimas fechas al subrayar que "como equipo nuevo esperamos enfrentar algunos desafíos, pero es frustrante que hayamos tenido varios problemas recientemente. Usaremos la próxima semana antes del periodo de cierre para trabajar duro en todas las áreas y asegurarnos de regresar más fuertes para la segunda mitad de la temporada".